Campos plantados
Siembra manual
Siembra manual
Plantadores
Cultivo
 Preparación de terreno
Por su rusticidad y poca profundidad radicular, el cultivo del ajo no necesita una gran preparación del terreno. Generalmente, el cultivo del ajo entra en rotación detrás de un barbecho de cereal (trigo o cebada), o bien detrás de un barbecho de girasol, aunque este último no es muy aconsejable. La típica rotación que se da en la zona conquense es: cereal-girasol-cereal-ajos.

Por tanto la primera labor consiste en el alzado del barbecho. Esta labor puede ser profunda si se quiere que cumpla la misión de acumular agua otoñal, preparar un buen drenaje,(si es un terreno con alto porcentaje de arcilla), o airear para tener mayor riqueza microbiana, y por tanto, mayor número de principios nutritivos solubles.

Después de una labor profunda se refina el terreno con dos labores. La primera se encarga de pulverizar o de buscar un desmenuzamiento óptimo mediante la utilización de “cultivadores”, “binas” o con “rejas de golondrina”. La segunda labor, además de desmenuzar, sirve para enterrar el abono de fondo y el marcado de la línea de plantación. Esta labor se realiza cruzada respecto a la primera. En caso de la utilización de productos fitosanitarios y/o herbicidas de preemergencia se incorporaran en la misma época que se realice la segunda labor.

El “pintado” de la superficie del terreno consiste en marcar las líneas de plantación de tal forma que queden suficientemente claras para poder realizar la siembra a mano. El apero utilizado no tiene unas características especiales, es muy frecuente que lo fabrique el propio agricultor, adaptando un bastidor convencional, con una serie de rejas, colocadas a una distancia adecuada.

 Preparación de la simiente
La multiplicación del “Ajo Morado de Las Pedroñeras” se realiza de modo vegetativo, plantando los “dientes”. La multiplicación por medio de semillas es nula, salvo para estudios de mejora genética, como se indicó anteriormente.

La simiente se desgrana antes de su plantación, esta operación consiste en disgregar los dientes de las cabezas, en las horas previas a la siembra, cuidando de que los dientes no sufran daño. Para prevenir daños posteriores, causados por hongos que atacan al ajo en sus primeros estadios, ya que los dientes pueden llevar esporas adheridas, o porque éstas pueden estar en el terreno de cultivo, es conveniente aplicar un tratamiento a base de fungicidas.

 Plantación del bulbo
El agricultor usa el término “siembra”, para designar esta labor, aunque técnicamente el cultivo de ajo no se siembra, se “planta”, ya que lo que se utiliza es material vegetativo (dientes) y no semillas. Como se ha indicado, para evitar enfermedades y ataques de plagas, nunca debe repetirse la siembra del ajo en el mismo terreno del año anterior.

La época de realizar esta labor depende de la condiciones climáticas de la zona, evitando las épocas de precipitaciones. En nuestro caso, nos encontramos con que los inviernos son muy fríos y secos, por lo que la siembra se realiza desde primeros de diciembre hasta mediados de enero. Cuando se dispone del terreno en estado óptimo, con la línea de plantación marcada y la simiente desgranada y desinfectada, se estará en disposición de realizar la plantación. El marco de plantación vendrá determinado por los aperos y maquinaria que se utilicen para esta labor.

Los marcos de plantación más usados en la zona de producción del “Ajo Morado de Las Pedroñeras” están entre 0,45 y 0,5 m entre líneas, y 0,10 y 0,15 m. entre plantas dentro de la misma línea. Esto supone una densidad de siembra aproximada de 200.000 plantas por hectárea.

La plantación se realiza a una profundidad media de 4 cm. en suelos arcillosos y de 6 cm. en suelos arenosos. Para un perfecto desarrollo vegetativo del ajo, debe cuidarse de que el diente se plante con el germen (la parte que tiene forma de pico) hacia arriba, ya que si se planta hacia abajo, el tallo deberá realizar un giro para seguir su geotropismo natural, empleando para ello parte de sus reservas de energía, y con el consiguiente riesgo de que la planta pierda “arraigue” en el suelo. Realizar bien esta labor facilita la posterior labor de eliminación del escapo floral, ya que si la planta no se encuentra bien arraigada es fácil que resulte arrancada al eliminarse el escapo floral.

De este modo, aunque la plantación manual resulta muy laboriosa, garantiza un cultivo en perfectas condiciones iniciales. El número de horas de siembra manual oscila entre las 60 y 80 horas por hectárea. Pero como en el resto de los cultivos, la mecanización se está introduciendo poco a poco también en este sector. Las máquinas presentan la ventaja de reducir considerablemente los costes y el esfuerzo, pero presentan el inconveniente, de que, al dejar caer el diente por gravedad en el suelo, éste se depositará en cualquier posición.

Después de la plantación es necesario tapar los dientes con tierra para evitar que sufran daños por calor, frío, animales, pájaros, etc. Esta labor se realiza mediante cultivador de rejas o binas en línea. En el caso de la siembra mecánica no es necesaria esta labor, que ya las máquinas llevan incorporados estos aperos. Tras la plantación, se puede dar un ligero rulado con rastra ligera para obtener una pequeña compactación. Con ello se mejora la nascencia, ya que, si el diente dispone de más superficie en contacto con la tierra, captará mejor la humedad necesaria para germinar. Es conveniente realizar un rulado con un rulo dentado, ya que el rulo liso puede tumbar el bulbo a su paso, disminuyendo así el desarrollo germinativo.

 Labores durante el ciclo vegetativo
riegoRiego: La mayor parte del cultivo de “Ajo Morado de Las Pedroñeras”, es de regadío, son pocas las parcelas de secano que se utilizan. Un aporte de 2000 m3/Ha, más las precipitaciones que se recogen como media en esta zona (cercanas a los 400 mm), resulta suficiente. Como es lógico, el número de riegos y la cantidad de agua a aportar en cada riego, dependerá de las condiciones ecológicas concretas, pero en ningún caso deben sobrepasarse los 3000 m3/Ha. En nuestra zona de cultivo, en la mayoría de las parcelas, el método de riego utilizado es el de aspersión, captándose el agua de pozos, ríos o balsas cercanas al cultivo.

FertilizaciónFertilización: El abonado recomendado (según los tipos de suelos) de forma general y por hectárea de: 50 unidades fertilizantes de Nitrógeno, 110 unidades fertilizantes de P2O5 y 165 unidades fertilizantes de K2O como abonado de fondo; y de 65 unidades fertilizantes de Nitrógeno, en cobertera, aplicadas antes del 30 de marzo. El azufre es también importante, ya que interviene en el contenido de sulfuro de alilo, relacionado con las propiedades organolépticas, por lo que se aconsejan igualmente abonos con sulfatos de distintos macronutrientes.

Control de mala hierbas. Escarda: El control de las malas hierbas está condicionado por el marco de plantación, si este es estrecho las hierbas deberán ser eliminadas de forma manual, La manera generalizada de eliminar las malas hierbas es asociar a los pases de cultivador entre líneas un repaso, combinando estas labores con la posible aplicación de herbicidas selectivos.

Eliminación del escapo floral: El escapo floral es eliminado por los cultivadores, evitando la merma de las sustancias de reserva acumuladas en el bulbo. De este modo se acelera su maduración, pudiendo iniciarse la recolección. entre siete y diez días después. Cualquier riego realizado después de la eliminación del escapo floral resultará perjudicial ya que el tallo queda hueco y la entrada de agua dañará al bulbo.

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